martes, 22 de agosto de 2017

11 (críticos) mexicanos dijeron...




Entre los 253 críticos de cine (y periodistas cinematográficos y programadores de festivales) de todo el mundo a quienes les pidieron su top-10 de la comedia en la historia del cine, hay once mexicanos (en orden alfabético: Arturo Aguilar, Aurélie Dupire -no se confunda: es más mexicana que el chile güero-, Erick Estrada, Adriana Fernández, Elena Fortes, Mauricio González Lara, Daniela Michel, Alejandra Musi, Fernanda Solórzano, Leonardo García-Tsao y acá su charro), así que como no tengo mucho negocio, me di a la tarea de revisar cómo habían votado mis diez colegas. 
El resultado, comparado con el top-10 final de los 253 críticos de todo el mundo, tiene similitudes naturales pero, nacionalidad obliga, también algunas muy saludables diferencias. Las cintas más votadas entre los once críticos mexicanos fueron:

1. Some Like It Hot (6 votos)

2. Annie Hall (5 votos)

3. Life of Brian
    Dr. Strangelove...
    The Big Lebowsky (4 votos)

4. His Girl Friday
    The General  (3 votos)
    
5. Groundhog Dog
    Airplane!
    Sherlock Jr. 
    Ahí está el detalle
    El esqueleto de la señora Morales
    Sullivan's Travels
    Duck Soup
    Tootsie          (2 votos)

Por acá puede buscar el top-10 individual de cada uno de nosotros. 

El evangelio de la comedia en la historia del cine




Hace tres meses la BBC contactó a 253 críticos de cine de 52 países para que enviáramos nuestras respectivas listas de las mejores diez comedias en la historia del cine. Los resultados completos están por acá y ¡spoiler! la película ganadora está en la imagen aquí arriba.

Mi lista, tal como la envié, acá abajo. En cuanto lo envié, me arrepentí: debí haber anotado Por meterse a redentor y, por supuesto, Dos tipos de cuidado

1. Luces de la ciudad (City Lights, Chaplin, 1931)

2. Sherlock Jr. (Keaton, 1924)

3. A Nous la Liberté (Clair, 1931)

4. Las vacaciones de Monsieur Hulot (Les vacances de Monsieur Hulot, Tati, 1953)

5. La vida de Brian (Life of Brian, Jones, 1979)

6. Dos extraños amantes (Annie Hall, Allen, 1977)

7. Amarcord (Fellini, 1973)

8. Terrible verdad (The Awful Truth, McCarey, 1937)

9. Ayuno de amor (His Girl Friday, Hawks, 1940)

10. Una Eva y dos Adanes (Some Like It Hot, Wilder, 1959) 

Annabelle 2: La creación



Éramos muchos y parió la abuela. En este siglo hollywoodense hemos tenido que lidiar con el Universo Cinematográfico de la Marvel (que es de Disney) con el Thorito y demás súper-héroes, con el Universo Extendido de los DC-Cómics de la casa Warner con Supermán y héroes que lo acompañan, con el Dark Universe de la Universal y sus monstruos clásicos como el vampiro o la momia, y el MonsterVerse de Warner-Legendary-Toho con sus monstruos gigantescos como Godzilla y King Kong.
Pues he aquí que ha aparecido ooooootro “universo cinematográfico” más: el Universo Cinematográfico del Conjuro. En efecto, a partir del impresionante éxito taquillero de la espléndida cinta de espantos El conjuro (Wan, 2013), centrada en el matrimonio Warren, expertos de lo oculto y luchadores contra las fuerzas demoníacas, las casas productoras Warner y New Line produjeron la efectiva secuela El conjuro 2: el caso Enfield (Wan, 2016), el spin-off Annabelle (Leonietti, 2014) -sobre una malévola muñeca depositaria de Satanás-, su inevitable secuela que se ha estrenado este fin de semana, Annabelle 2: La creación (Annabelle: Creation, EU, 2017) y, próximamente otro spin-off, The Nun (Hardy, 2018), en el que la protagonista será la monja satánica de El conjuro 2. Es decir, en cinco años se han hecho cinco películas y contando, pues está en planes una tercera parte de El conjuro.
Económicamente hablando, el Universo Cinematográfico del Conjuro ha sido un negocio redondo para Warner y New Line –las cintas de horror son relativamente baratas y la taquilla suele ser muy generosa con el horror- pero, si dejamos a lado el negocio, que no es tema de mi especialidad, ¿qué tal han resultado las películas?
Veamos. Es cierto que el díptico de El conjuro es muy superior en forma y fondo al spin-off y su secuela, pero también es cierto que tanto Annabelle como Annabelle 2 son entretenidas cintas de horror que explotan con bastante eficacia las convenciones de sus respectivas fórmulas. En el caso de la primera Annabelle, la premisa partía de una re-elaboración de los miedos y ansiedades de una mujer a punto de parir, con todo y saqueos/homenajes a la inalcanzable El bebé de Rosemary (Polanksi, 1968). Ahora, en la secuela, el escenario es una casa enorme y siniestra a la que llegan a vivir un grupo de niñas y jovencitas, fórmula tan manida que nuestro cine nacional tiene su propio clásico en Hasta el viento tiene miedo (Taboada, 1968).
El guion de Annabelle 2 escrito por Gary Dauberman cumple con el título del filme: no solo vemos la creación de la muñeca de marras –al inicio vemos cómo un artesano crea al siniestro juguete-, sino con el nacimiento de la propia maldad, es decir, de qué manera Annabelle, la muñeca, se convirtió en vehículo del demonio.
David F. Sandberg y su muy profesional equipo (el fotógrafo Maxime Alexandre, la diseñadora de producción Jennifer Spence, el músico Benjamin Wallfisch) nos entregan un filme de horror tan convencional como efectivo, con un magistral manejo del encuadre (esas figuras fuera de foco que aparecen en las esquinas), una experta iluminación de manchas (con la oscuridad como espacio del que esperamos salte el horror), un escenario de por sí terrorífico sin necesidad de muñeca alguna (esa casa enorme, vieja y oscura) y una música que al prevenirnos del susto nos está provocando uno de antemano.
Pero ya es hora de responder a la pregunta planteada: ¿qué tal ha resultado el Universo Cinematográfico del Conjuro? Bastante entretenido, diría yo. Y mejor, en promedio, que el de Marvel, ni se diga.

domingo, 20 de agosto de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVI




Aquí sigo (México-España, 2016), de Lorenzo Hagerman. El cineasta/fotógrafo/guionista/co-editor Hagerman, con el invaluable apoyo de un grupo de investigadores, visita varias partes del mundo (de un pueblito de Querétaro a las costas de Okinawa, pasando por Puerto Progreso, Barcelona, Cerdeña, Montreal y la selva costarricense) para conocer a una docena de ancianos centenarios (o casi) para que los ancianos y ancianas pasitas -aunque ya quisiera yo la energía de esos dones y esas doñas para un domingo- nos cuenten de sus recuerdos, sus amores y su secretos para rondar los cien años de edad. En el mejor sentido del término, un documental encantador. De lo mejor del cine nacional en lo que val del año. (** 1/2)

Sieranevada (Ídem, Rumania-Francia-Croacia-Macedonia-Bosnia y Herzegovina, 2016), de Cristi Puiu. Un maduro doctor rumano -que en realidad ya no ejerce sino vende productos médicos- visita a su familia en Bucarest para conmemorar a su papá, muerto recientemente. En esa tarde, mientras llega el sacerdote a bendecir la comida, la familia extendida entra en eternas discusiones de todo tipo -globales, nacionales, familiares, matrimoniales-, cual muestrario de la eterna crisis de la familia -de cualquier familia- y del país entero -de Rumania, pero bien podría ser México. Esta cinta de Puiu está expertamente realizada y la dirección de actores es impecable, pero la excesiva duración -¡173 minutos!- termina por exasperar. Por supuesto, acaso de esto se trataba, pero se les pasó la mano. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 3/4)

Annabelle 2: La creación (Annabelle: Creation, EU, 2017), de David F. Sandberg. La cuarta película del Universo Cinematográfico del Conjuro (sí, ya lo llaman así) es una convencional pero muy entretenida película de horror que nos presenta el origen de la muñeca satánica del título. Mi crítica in extenso el próximo martes en este blog. (*)

Café (México, 2014), de Hatuey Viveros. El segundo largometraje -aunque primero documental- de  Viveros -sensible y meritoria opera prima Mi Universo en Minúsculas (2011)- cumple con un requisito clásico de este modo de producción fílmica: documenta. En este caso, lo que documenta es la vida de una pequeña familia indígena que vive en Cuetzalan del Progreso, en la sierra norte de Puebla.
El papá ha fallecido sin ver a su hijo, Jorge Antonio Hernández Desión, graduarse de abogado y hasta con mención honorífica. Tampoco puede ver cómo su otra hija, Chayo, ha quedado embarazada, sin que quede muy claro que el muchacho el cuestión "le cumpla" como ella quiere. La cámara del propio Viveros ve lo que pasa frente a ella, sin intervenir en ningún momento de forma directa. No hay narración en off, no hay contextualización de datos en pantalla, no hay cabezas parlantes dirigiéndose a nosotros. Tampoco se necesita nada de esto, por cierto.
Viveros y su guionista Monika Revilla parecen tener una sola ambición: documentar la vida de esta familia rural que habla náhuatl, sus logros, sus trabajos, sus fiestas, sus decisiones...  Su ethos como tal, en el más amplio sentido del término: sus costumbres como parte de una comunidad y, al mismo tiempo, el caracter individual de cada uno de los miembros de la familia. El resultado nunca deja de ser interesante. (* 1/2)

Zeus (México, 2016), de Miguel Calderón. Vista en Morelia 2016, esta opera prima escrita por el propio cineasta nos presenta la vida de un nini sin oficio ni beneficio que vive con su castrante madre neurocirujana.
Joel (el escritor Daniel Saldaña París en su debut como actor) ya araña los 30 años y, fuera de hacerle los mandados a su mamá (ir a la tintorería, hacer el mandado, diseñar las presentaciones de su señora madre para algún congreso) no tiene otra vida más que ir a cazar con el Zeus del título: un imponente halcón que Joel quiere más que a sí mismo. O más bien, el pajarraco es una extensión deseada de sí mismo, pues en sus sueños -simbolazo obliga-, Joel ve cómo Zeus ataca a su madre o cómo, de plano, le hace el amor. 
Dicho de otra manera: madre e hijo comparten una relación enfermiza de mutua dependencia, aunque la (no tan) santa señora tiene en un vecino a su amante de planta y el propio Joel ve la oportunidad de crecer -o, bueno, solamente coger- cuando conoce a Ilse (sensacional Diana Sedano robándose cada escena), una secretaria buenota que parece estar encarnando a La Pelangocha del nuevo siglo.
Hay que decir que la cinta está hecha correctamente -es difícil que una película fotografiada en parte por María Secco se vea mal-, pero no tiene mucho qué ofrecer. (-)

viernes, 18 de agosto de 2017

El baúl: Dawn of the Dead



Ante la exhibición de Dawn of the Dead hoy en la Cineteca Nacional, me di a la tarea de rescatar del baúl de mis archivos este viejo texto publicado hace... ufff... no sé. Hace mucho tiempo. 


Diez años después de su histórica opera prima La noche de los muertos vivientes (1968), George A. Romero volvió al tema de los zombies con la secuela Dawn of the Dead (EU-Italia, 1978) que, inexplicablemente, nunca encontró distribución comercial en nuestro país. La historia, escrita por el propio Romero, es básicamente la misma (un pequeño grupo de seres humanos se protegen del ataque de una multitud de muertos vivientes que quieren comérselos), pero esta vez el tono ha dejado de ser dramático para inclinarse más hacia la sátira.
Si el primer filme exigía una lectura alegórica que nos mostraba a un microcosmos estadounidense dividido y enfrentado entre sí, cual réplica de los problemas sociales que vivió la Unión Americana durante los años sesenta, en la secuela vemos a un centenar de zombies deambular por un emblemático mall típicamente gringo pues, como dice uno de los seres humanos sobrevivientes “eso es lo que acostumbraban hacer cuando estaban vivos”. 
Así, la tardía continuación se instala rápidamente en los terrenos de la sátira social, con decenas de muertos vivientes caminando por los pasillos del centro comercial, con cuatro humanos encerrados en una enorme tienda y consumiendo todo lo que quieren (caviar, embutidos, licores, armas) sin que nadie se los impida y, finalmente, con una banda de motociclistas que entran a la fuerza al mall, provocando una orgía de sangre, balazos y canibalismo.
La película, filmada a colores –a diferencia de La noche..., que fue realizada en blanco y negro-, tiene el mismo aire semidocumental de la primera, con la cámara siempre en mano, con movimientos bruscos y poco elegantes, con los encuadres desordenados de un reportaje in situ, no de una película de ficción. En el terreno de los efectos especiales y el maquillaje, el maestro Tom Savini se hizo cargo de ese departamento, así que no faltan mutilaciones varias y momentos de gore desbocados (para la trivia, Savini participó en el filme como uno de los brutales motociclistas que toman por asalto el centro comercial).
Como de costumbre en el cine de Romero, en este, su sexto largometraje, no hay un solo actor reconocible entre los cuatro humanos y las decenas de zombies caníbales pues lo que le importa a Romero es contar su historia sin que nos estorbe la presencia de alguna estrella –por supuesto, otro motivo por el cual (casi) nunca aparece nadie importante en las cintas de este director es que Romero siempre ha trabajado con presupuestos relativamente modestos.
¿Dawn of the Dead es mejor que La noche de los muertos vivientes? Probablemente sí. Por supuesto, el impacto del primer filme es irrepetible, pero Dawn... muestra un cineasta más seguro, tanto en lo que quiere decir como en de qué manera decirlo. Acaso no solo sea la mejor película de la saga zombiesca de Romero sino es, seguramente, uno de sus filmes más logrados. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Hazlo como hombre



Hacia el final de Hazlo como hombre (México-Chile, 2017), noveno largometraje –pero primero mexicano- del taquillero productor y cineasta chileno Nicolás López (exitosa trilogía chilena Qué pena tu vida/2010, Qué pena tu boda/2011 y Qué pena tu familia/2012, con remake mexicano Qué pena tu vida/Reyes/2016), el gay recién salido del clóset Santiago (Alfonso Dosal) se da cuenta que su novio chef multicultural Xavier Dolan, digo Julián Dolan (Ariel Levy), le pone los cuernos cada vez que va a Miami. Cuando Julián se da cuenta de la decepción en el rostro de Santiago, le dice, palabras más, palabras menos, que es “demasiado gay para ser heterosexual, pero demasiado heterosexual para ser un auténtico gay”. En otras palabras, Santiago es un gay modosito, del siglo pasado, demasiado recatado y no suficientemente retacado (perdón, no lo pude evitar: he visto demasiadas cintas albureras en los últimos meses, luego le platico por qué).
Esta escena que, por lo demás, tiene un pésimo chiste (-“Yo te advertí que era poliamoroso”, –“Ah, es que yo creía que eso significaba que tenías fijación sexual con los policías”), da en el clavo del tono de la cinta dirigida por López. Esta farsa no osa burlarse ni con el pétalo de una rosa de sus personajes gays –como sí lo hace toda buena comedia que aboga por la aceptación de lo queer, desde La jaula de las locas (Molinaro, 1978)-, pues elige mostrarlos tan idealizados y perfectos que, la verdad, resultan mortalmente aburridos.
Los dardos del guion escrito por el propio cineasta y Guillermo Amoedo están dirigidos, con toda justicia, al homofóbico, machista y farolón protagonista Raúl (Mauricio Ochmann) quien, cuando se da cuenta que su amigo de la infancia Santiago es gay, pasa por un laaaaaaargo proceso (o sea, por toda la méndiga película) de negación, ira, negociación, acomodo y aceptación de la “enfermedad” que tiene su amigo.
No he visto ninguna película anterior de López –aunque he leído que varias de ellas han impuesto marcas taquilleras en Chile-, pero Hazlo como hombre es un pésimo muestrario de sus aptitudes como cineasta y guionista. Si formalmente hablando la película es en el mejor de los casos funcional, la historia apenas puede nombrarse comedia: está lastrada por digresiones sin chiste –la cura de la homosexualidad por equinoterapia, por ejemplo-, diálogos inanes (creo que la mejor línea es cuando el siempre bienvenido Humberto Bustos subraya que las películas de súper-héroes son realmente muy gays) y running-gags penosos (hacer “la tortuguita” para bajar la ira) o más viejos que viajar a pie (el jabón caído bajo la regadera).
A quien peor le va, por cierto, es a Aislinn Derbez, quien interpreta a Nati, la novia despechada de Santiago, como una histérica desatada que habría que encerrarla en un manicomio. Las escenas en las que aparece la Derbez desaforada no son graciosas sino penosas, y más pena dan cuando uno se da cuenta que Hazlo como hombre es coproducida por la propia Derbez a través de su casa productora A Toda Madre Entertainment. ¿No habrá alguien que la aconseje? Pero, bueno, yo qué sé: la cinta, al momento de escribir estas líneas, es un irrebatible trancazo taquillero, como los que acostumbra hacer Nicolás López en Chile.

martes, 15 de agosto de 2017

Baby: El aprendiz del crimen

-"¿Si veo así, bien intenso, a poco no me parezco a Steve McQueen?"
"-No".



Hay una escena, hacia la última parte de Baby: El aprendiz del crimen (Baby Driver, EU-GB, 2017), sexto largometraje de Edgar Wright, que héroe y villano escuchan, compartiendo audífonos, cierta canción de Barry White (“Never, Never Gonna Give You Up”) que sirve no solo como perfecto resumen de lo que está sucediendo en pantalla sino, también, como ilustración de un momento que se quiere grave, importante, incluso dramático.
Esta y muchas otras escenas más del mismo tipo funcionan, pero solo en el primer nivel: es decir, en la perfecta fusión de música y acción, sea en la primera secuencia a ritmo de “Bellbottoms”, de The Jon Spencer Blues Explosion; sea en una balacera acompañada con los acordes clásicos del “Tequila” de Chuck Rio; sea cuando todo se sale de madre bajo los sonidos de Queen (“Brighton Rock”).
Por lo demás, a nivel dramático, Baby… es un fracaso total: no me habría podido interesar menos el destino del héroe, el Baby del título (Ansel Elgort), un personaje tan desprovisto de personalidad y carisma que solo puede hacerlo soportable el hecho de que tenga tan buen gusto musical. Él mismo, los demás personajes y la propia historia –una heist movie que no es más que serie de clichés eficazmente embonados- son meros excipientes del impresionante trabajo de edición a cuatro manos de Jonathan Amos y Paul Machliss.
Aunque en la película aparece de forma prominente los créditos de un coreógrafo, la realidad es que no veo para qué lo utilizaron. Y es que este Ballet Mécanique (Léger, 1924) del siglo XXI tiene sus mejores momentos (¿de plano sus únicos momentos?) en esas escenas en las que vemos las imágenes casi abstractas de autos, balas, cuerpos y rostros que aparecen y desaparecen del encuadre al ritmo de alguna tonada popular. Es decir, en Baby… no hay más coreógrafo que el virtuoso montaje de Amos y Machliss, que logra hacer danzar a los autos que corren, chocan y hasta vuelan por las calles de Atlanta.
El asunto es que, como bien lo apuntó Anthony Lane en The New Yorker, Baby… no es tanto una película sino, cuando mucho, un excelente video musical. Y los videos musicales, incluso los mejores –véase el que el propio Wright realizó para Mint Royale, “Blue Song” (2003), claro antecedente de esta cinta- duran unos cuantos minutos. Y tienen protagonistas más carismáticos. Que, además bailan mejor. Por ejemplo, Christopher Walken en “Weapon of Choice” (Jonze, 2001). 

domingo, 13 de agosto de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLV



Hermia y Helena (Argentina-EU, 2016), de Matías Piñero. La mejor película neo-shakespeariana de Piñeiro -tanto en la forma como en el fondo- está ubicada entre Buenos Aires y Nueva York, con las inevitables Agustina Muñoz y María Villar en los papeles protagónicos.  Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (** 1/2)

El lobo detrás de la puerta (O lobo atrás da porta, Brasil, 2013), de Fernando Coimbra. La multipremiada opera prima de Fernando Coimbra -vista en Guadalajara 2014- finalmente ha tenido su estreno cultural en la Cineteca y salas afines. Mi crítica, in extenso, por acá. (***)

Baby: el aprendiz del crimen (Baby Driver, EU-GB, 2017), de Edgar Wright. El sexto largometraje de Wright es un entretenido video-musical que tiene algunos momentos virtuosos gracias a la perfecta edición visual/musical, pero que está lastrado por un actor protagónico desprovisto de todo carisma y por una serie de clichés que ni siquiera son comentados/deconstruidos con la suficiente gracia. Mi crítica, el próximo martes en este blog. (* 1/2)

Hazlo como hombre (México-Chile, 2017), de Nicolas López. El noveno largometraje del exitoso cineasta y productor chileno Nicolás López es una inocua -aunque a veces cae en lo inicua- comedia de enredos en la que un trío de muy machotes amigos vive una crisis cuando uno de ellos (Alfonso Dosal) les confiesa a los otros dos que es gay. Aunque el hipster (un impecable Humberto Bustos) se lo toma a bien, el otro, el homofóbico y machista Raúl (Mauricio Ochmann), no puede aceptar que a su amigo del alma sea "un desviado". La comedia tiene buenas intenciones, pero casi nada más que eso. Escribiré de ella en los próximos días en este mismo blog. (+)

viernes, 11 de agosto de 2017

El lobo detrás de la puerta




Presentada en competencia en Guadalajara 2014, ha llegado al circuito cultural chilango -léase Cineteca Naciona- El lobo detrás la puerta (O Lobo atrás da Porta, Brasil, 2013), multipremiada opera prima de Fernando Coimbra, ganadora del Premio Horizontes en San Sebastián 2013 y Mejor Opera Prima en La Habana 2013, entre otros muchos reconocimientos.
Estamos en Río, tiempo presente. La cinta inicia con la desaparición de una niña que fue recogida de la guardería, supuestamente por una amiga de la mamá. Sin embargo, resulta que la madre, Sylvia (Fabiula Nascimento), no mandó a nadie por la chamaca. Cuando llega a recoger la niña y se entera que alguien se le adelantó, se levanta la denuncia respectiva y un joven inspector (Antonio Saboia) inicia los interrogatorios.
Los primeros minutos del filme nos instalan en un escenario casi fársico: la policía parece más obsesionada en averiguar la vida íntima de Sylvia y su marido, Bernardo (Milhem Cortaz), que encontrar a la niñita perdida. El inspector no se detiene, tampoco, para soltar un comentario imprudente por aquí y por allá. Sin embargo, muy pronto nos daremos cuenta que, acaso, esas preguntas sobre cómo anda el matrimonio de Sylvia y Bernardo no están de más. La aparición de una guapa jovencita llamada Rosa (impresionante Leandra Leal), antigua amante de Bernardo, empieza a enturbiar la situación.
Las declaraciones ministeriales se van sucediendo ante el joven inspector, mientras los episodios retrospectivos van reconstruyendo los acontecimientos que llevaron a la desaparición de la niña. Así, la historia avanza entre mentiras, engaños, certezas y fatalidades. 
El guión escrito por el propio cineasta debutante Coimbra es ejemplar por su balance de humor, suspenso y sorpresivas vueltas de tuerca, pero quien termina apoderándose de la película es la señorita Leal, quien logra entregarnos un personaje con múltiples matices: sensual, frágil, calculadora, vengativa, esfinge... 
Cuando vi esta cinta en Guadalajara 2014 escribí que sería una injusticia que Leal saliera de ese festival con las manos vacías. Y, bueno, la injusticia sucedió: Leal no ganó el Mayahuel a Mejor Actriz, aunque ese gazapo se limpió un poco, pues el debutante Coimbra obtuvo el Mayahuel a Mejor Director. Por su parte, Leal  no se cansó de recibir reconocimientos: Mejor Actriz en Río 2014 y Lleida 2014, Mejor Actriz para la Academia Brasileña de Cine en 2015 y Mejor Actriz en la primera entrega del Premio Fénix en 2014. Apenas así le hizo justicia la Revolución a Leandra Leal.